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Los motivos que enterraron a RCN frente a Caracol en televisión

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David Muñoz Ordoñez

20 marzo, 2019

Caracol vs RCN

Caracol vs RCN

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La crisis de RCN por bajo rating y la diferencia que Caracol le ha sacado en ese aspecto tiene mucho que ver con las connotaciones que dejan como marcas y la forma en la que se han relacionado con los colombianos.

Caracol y RCN son los dos grandes canales privados de Colombia. Enfrascados en una eterna competencia que hasta hace unos años parecía más un tú a tú, hoy muestran a un RCN con índices de audiencia muy débiles frente a los mismos indicadores de Caracol. Los motivos –según mi consideración personal– de la marcada preferencia que se evidencia hoy hacia uno de los canales está inquebrantablemente ligada a aspectos de branding; de percepción del público cultivada a lo largo de los años en el imaginario colectivo de los colombianos, y donde el componente informativo y de noticias ha jugado un rol determinante en el desbalance entre uno y otro.

La trascendentalidad de los noticieros radica en que son el espacio más frecuente en el que efectivamente un discurso con un tono de voz va dirigido expresamente al televidente en nombre de la marca en cuestión (Caracol Noticias o RCN Noticias). Para los canales, se trata de la oportunidad, no sólo de informar y de ganar rating, sino también de transmitirse como marca e influir en la percepción que el público tiene de la misma. Es el único momento en el que la emisión del canal pasa a tener un carácter informativo y utilitario (casi que de obligación civil), y no de entretenimiento –más allá de que la dimensión de entretenimiento igual está presente en los noticieros, de manera más discreta/inconsciente–. Todo esto, repito, con la marca o sus embajadores/comunicadores mirando al televidente literalmente a los ojos. Y cuando se gana en este campo, sobra decir que se gana también una sensible ventaja para el resto del Prime Time que va a continuación.

La manera en la que los noticieros de Caracol están concebidos reflejan la existencia de una estrategia detrás, y evidencian la contundente sensibilidad que tienen para conocer a los colombianos, lo cual no es poca cosa en un país tan diverso. Para ello, despliegan comunicadores por todas las regiones del país que trabajan en campo y se acercan a la gente del común; abren espacios de participación al público, el cual construye su parte en los noticieros; y hacen un trabajo de curaduría o edición en los que se compone un espacio informativo completo y disfrutable. Al final hay un poco de seriedad, un poco de curiosidades en formato de noticia, un poco de preocupación, un poco de optimismo, un tono de voz que fluctúa entre la calma y el discurso enérgico, y una sensación de que el noticiero está más entre la gente y que no es una emisión vertical emitente-receptor. En el noticiero aparece gente, entre comunicadores del canal y entrevistados, de todos los estratos y con todos los acentos, y eso transmite aún más la noción de cercanía; de que se trata de un fiel reflejo de lo que es el país, aumentando así (tal vez en modo no consciente) la confianza en el mismo y la sensación de cercanía del noticiero con la gente. Esa buena fabricación hace que a Noticias Caracol sea atractivo y entretenido para los cachacos y los costeños; los jóvenes y los pensionados; los que trabajan y los que se quedan en casa; los que lo ven desde una sala en televisor curvo y los que lo ven en grupo desde un viejo aparato en algún humilde restaurante de pueblo. Lo ven todo tipo de colombianos y quedan saciados, porque sienten que han recibido un panorama realista, imparcial y lo suficientemente rico, y se ven además identificados bien sea como individuos que como sociedad. Además, se han entretenido.

El talento humano es determinante para que todo lo anterior tenga efecto, donde la empatía que logran con el público es clave. En Caracol es mucho más frecuente ver cómo la gente se interesa por la vida de los presentadores de estudio más allá de su labor profesional en el noticiero. Se trata de verdaderas celebridades que resultan carismáticas, convirtiéndose en influenciadores y embajadores de la marca Caracol. Transfieren riqueza y valor a los noticieros con su presencia. Parte de la explicación a todo esto está en la trayectoria que tienen en el oficio, en sus vidas públicas y trabajo fuera de los noticieros, en la percepción en el imaginario colectivo que van construyendo con el tiempo, y en la naturalidad que alcanzan en su discurso durante las emisiones. Por su parte, los periodistas y comunicadores fuera del estudio, que suelen trabajar en el lugar de los hechos a campo abierto, aportan también con su naturalidad y su proximidad con la gente. Con proximidad con la gente no me refiero únicamente a que están en contacto con las personas constantemente, sino también a que dan la impresión de ser parte de ella, por su aspecto físico de ciudadanos de a pie, su vestuario casual o su acento. Conocen bien la zona geográfica donde ejercen su labor y son reconocidos en la misma.

Pero Caracol no basa toda su ventaja sobre sus noticieros: tienen otros espacios con décadas al aire como Gol Caracol o Sábados Felices, que además portan un componente emocional gigantesco y que parecen estar cumpliendo una labor social más que comercial. RCN nunca ha logrado armar un contrapeso para hacer frente a estos dos símbolos nacionales, y tal vez no lo logre por el nivel de dificultad que implica. Al igual que los noticieros, estos dos programas están ligados a personajes y celebridades con quienes hay una mutua transferencia de valor. Añádanle a eso el componente histórico que acaba volviendo casi invencibles a estas dos emisiones en cuanto a televisión nacional se refiere. 

El hecho de que Caracol tenga un liderazgo desde mucho tiempo atrás, así sea ligero, concluye esta historia a su favor. Personalmente sostengo que la niñez es un momento que las marcas (de cualquier sector) están casi que obligadas a aprovechar, porque esas primeras impresiones e interacciones con los ciudadanos del mañana quedan marcadísimas en ellos para toda la vida y constituyen en algunas ocasiones las experiencias más memorables con una marca, sean buenas o malas. Y en un país que creció viendo televisión esto toma mayor relevancia, todavez que en lo que a medios de comunicación y periodismo respecta, para muchos la experiencia es más cómoda y acogedora con los medios o marcas que les son más familiares o a los que están habituados. Eso no significa que no se pueda cambiar de canal, de periódico o de revista, pero hay una especie de lealtad difícil de explicar hacia los medios y si un niño creció teniendo a Caracol como canal predilecto (top of mind), ese canal tiene una ventaja que es más fácil defender que perder respecto a ese televidente.

Cierro mencionando que a pesar de todo ni RCN lo ha hecho todo mal ni Caracol lo tiene todo bien. RCN también tiene talento, conciencia, profesionalismo y puntos altos. Simplemente, creo que no han sido tan buenos como su competidor, y no han logrado un nivel similar de proximidad con la gente. Hay menos constancia, menos carisma y menos naturalidad, y no ostentar en ningún momento el liderazgo (ni siquiera desde antes en radio) penaliza al canal bastante. Les cuesta mucho reaccionar, acercarse al público y evitar errores como ser muy evidentes manejando una linea editorial o insistir con talento humano que inquieta a algunos sectores. Pero nada está dicho en estos tiempos de rápida transformación donde la televisión como la conocemos debe buscar cómo seguir vigente. La clave, como en todas las demás industrias, está en comprender al público y ver hacia dónde va.

¡Gracias por leer!


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